“Los que de verdad me gustan son esos que cuando acabas de leerlos piensas que ojalá el autor fuera muy amigo tuyo para poder llamarle por teléfono cuando quisieras”.
Esta página nace porque hay artistas cuyos mundos cambian el tuyo. Porque una vez que los conoces ya no puedes prescindir de ellos. Porque los consideras amigos tuyos aunque jamás llegues a tratarlos en persona. Porque nunca hablarás con ellos pero ellos se comunican constantemente contigo. Porque ya forman parte de ti.
Las canciones que cuentan historias son doblemente enriquecedoras. Si además en esas historias se intuye algún referente real, los iniciados las disfrutan aún más.
Me aburre la música de Christina Rosenvinge, pero me intriga su figura. No puedo dejar de admirar a una tía capaz de seducir o cuanto menos despertar el interés de dos tipos que a su vez despiertan el mío como son Ray Loriga y Nacho Vegas.
De Verano Fatal me esperaba más. De siete canciones me quedo con tres. Pero hay una que vale por las siete.Nacho Vegasen estado puro e inspirado. Un cortejo en toda regla, la crónica de una seducción paso a paso. Nacho (o su personaje) intentando ligarse a Christina(o su personaje). Chico perdedor entrándole a chica dura: poema o canción asegurada.
Pero además, es la crónica de un tiempo y una generación: la nuestra, la de los treintañeros/ cuarentones en la primera década del siglo XXI (Nacho tiene 33, Christina anda por los 43) .
Quien más, quien menos, arrastra heridas, desamores, desencantos (y pobre del que no).
A algunos nos cuesta encontrar nuestro sitio (aún). Somos animales heridos, entre escombros. Endurecidos por fuera porque no queda más remedio: “lo natural es odiarse”, decimos hasta con convicción. Tremendamente solos, intentando no perder la fe. Con cuarenta y tres candados (uno por año), o mil, pero tal vez de plástico: se derriten a la primera mirada intensa. Por eso mejor no acercarse demasiado: “me lo tengo prohibido”.
Chicos perdidos y mujeres incomprensibles, que queremos una cosa y a la vez la contraria. No sabemos qué es lo correcto. Intuimos que seguramente no haya una única manera, ni siquiera una correcta. Y mientras, seguimos entonando dulces gritos y practicando el más viejo de los ritos para acabar, una vez más, perdidos.
ME HE PERDIDO
Lo intenté por tercera vez me enfundé en mi traje beige miré hacia el suelo y me santigüé te encontré entre los escombros.
Y aún quedaba un muro en pie te vi apoyada en él y creo que lo hacías para no perder la fe el Cristo en la pared se encogió de hombros.
Y tú con tu voz, esa voz y tu pálida piel con el brillo en tu pelo del trigo con ese otro brillo que imagino tras tu abrigo.
Pasaste estos últimos inviernos al calor de un infierno construido en el amor para acabar en demolición me dices “ahora ya estás advertido, no te fíes de un animal herido” y ¿qué te iba diciendo yo...? Me he perdido. Lo intenté siete veces más quería ver lo que hay detrás de tu imperturbabilidad y abrir tu puerta de cuarenta y tres candados.
Te adiviné en tu balcón silbando una larguísima canción pensando “¿es esto lo correcto o no?” así que hice ¡chas! y aparecí a tu lado.
“Lo sabes, ahora ya estás advertido, no te fíes de un animal herido”. Y “ ¡Oh! Descuida”, le mentí, “soy un experto cazador”. “Lo has visto, es mi mundo derruido lo que hoy es puro mañana está podrido”. Y ¿qué te iba diciendo yo...? Me he perdido. Mátame si ya no te soy de utilidad mátame tras leer el mensaje pero ahora me desnudaré sin quitarme el traje.
Lo he visto, es tu mundo al derrumbarse que “lo natural es odiarse”me dijiste, he de reconocer, con cierta convicción.
Y entonces entonaste dulces gritos comenzó el más viejo de los ritos ¿fuiste tu, fui yo o sencillamente fue algo superior?
Y añadiste: “Si lo hacemos, tonto mío, pues hagámoslo como es debido”. “Y ¿cómo es eso?” , pregunté y tú me dijiste: “Justamente así no”, y paraste: “Me lo tengo prohibido”. Yo protesté empapado y más que aturdido y ahora sí que sí que yo... me he perdido.
Que ahora sí que sí que sí que sé que me he perdido porque sólo es pensar en ti y acabar perdido porque sólo con pensar en ti me pongo perdido.